Al abandonar el país, el 17 de julio de 1979, el dictador Anastasio Somoza había dejado tras sí 30.000 muertos en siete semanas, 500.000 damnificados, 150.000 refugiados, un país en bancarrota con una deuda de mil millones de dólares y el horror de un genocidio que había durado 53 días en su etapa de agonía.
Un año y dos meses después, el 17 de septiembre de 1980, un comando guerrillero argentino ajustició al dictador nicaragüense Anastasio Somoza en Asunción.
Paraguay terminó en las portadas de los periódicos del mundo y la seguridad de la dictadura stronista quedó en ridículo.
Esa mañana, los guerrilleros urbanos (tres mujeres y cuatro hombres), encabezados por Enrique Gorriarán Merlo alias “Ramón”, interceptaron el Mercedes Benz blanco que trasportaba a Somoza, a su asesor financiero estadounidense Joseph Baittiner y finalmente, al chofer del último dictador nicaragüense, César Gallardo, quien manejaba por la avenida España, (antes conocida como ‘Generalísimo Franco’, en honor al dictador español) a la altura de las calles América y Venezuela, lugar donde fueron el blanco del grupo armado.
Barricada Historia propone a sus lectores el testimonio de Enrique Gorriarán Merlo, quien reafirmaba en una entrevista publicada por Rebelión en el agosto del 2003 que los riesgos que asumieron al organizar ese operativo tenían “una razón estratégica. No fue venganza. Somoza Debayle era el jefe de la contrarrevolución” radicada en Honduras, que amenazaba desde el exterior la Revolución sandinista, que apenas un año antes había triunfado en Nicaragua.
1980. El taxista no la conocía, menos ella que era extranjera. Lo único que tenían en común ambos en Paraguay era la carrera. La joven buscaba una peluquería que estaba a media cuadra de donde vivía un tal Anastasio Somoza Debayle. La información serviría para algo más que para un corte de cabello…Paró en la delegación de la Policía.
– ¿Alguien sabe dónde vive ese señor?, preguntó el taxista. Allí le dieron el punto exacto. Vivía en una urbanización donde cada residencia se alquilaba en más de 1 mil 500 dólares mensuales. «Vaya señor», le dijeron, «es zona exclusiva. Allí viven los más ricos».
Es Asunción, Paraguay, la ciudad del relato. Con lo dicho por el oficial inició sin que lo supiera el ajusticiamiento de Somoza Debayle, quien moriría el 17 de septiembre, por una acción armada que dirigía Enrique Gorriarán Merlo. Es él quien cuenta esta historia, ahora que está libre tras ocho años de encierro en Argentina. Lo indultó el Presidente saliente, Eduardo Duhalde, el 25 de mayo. Hace dos semanas publicó sus memorias, unas 600 páginas de recuerdos, que lanzó al mundo la editorial Planeta.
Pero nada de lo contado por Gorriarán hubiera sido un hecho, si Somoza no persistiera en su empeño por volver al poder. «Te juro que no fue venganza. Si Somoza, por ejemplo, no hubiese querido retomar el poder y hubiese, no sé, decidido irse a vivir a España. No hubiéramos hecho está acción. Por eso, insisto que fue en el contexto de la contrarrevolución. No es un atentado individual».
Tomado de: Rebelión (10 de agosto de 2003)
Octavio Enríquez, END. Entrevista con Gorriarán Merlo. Cómo fue el ajusticiamiento de Somoza.