Barricada

Emiliano Zapata, el Caudillo del Sur

El 10 de abril de 1919, hace 104 años, Emiliano Zapata, hace 104 años, líder de la Revolución Mexicana, fue asesinado en Chinameca, Morelos, por agente del Presidente mexicano Venustiano Carranza. Emiliano Zapata, mejor conocido como El Caudillo del Sur, fue uno de los íconos más importantes de la resistencia campesina en México, y su legado trascendió fronteras.  Los ideales y valores revolucionarios de la lucha por la tierra y libertad, por justicia social, igualdad, democracia social y respeto a los pueblos indígenas, impregnaron el espíritu de todo el continente.  El general Augusto C. Sandino, en los años que trabajó como obrero en México, estudió el pensamiento zapatista y más tarde lo incorporó al ideario sandinista. Hoy, el Equipo de Barricada/Historia les trae su biografía.

El general Emiliano Zapata Salazar nació el 8 de agosto de 1879 en San Miguel Anenecuilco (en lengua náhuatl “lugar donde el agua se arremolina”), en el Estado de Morelos.  Hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar, como todo hijo de campesinos fue aparcero y peón, excelente domador de caballos.  

Vivió su niñez en la pobreza y así tomó conciencia de la injusticia, el despojo de las tierras y la humillación a los anenecuilcanos por parte de los hacendados y las autoridades oficiales.  

Decían los gamonales que si los campesinos de Anenecuiloco querían sembrar, lo hicieran en macetas; entonces Zapata asumió que la lucha era de vida o muerte. 

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Se empezaron a juntar los campesinos, se armaron y formaron el Ejército Libertador del Sur, que llegó a tener casi 27,000 hombres, bajo el mando del general Emiliano Zapata Salazar, el “Caudillo del Sur”.   Fue una época en que tuvieron que empuñar los fusiles para pelear y el arado para sembrar.  

El espíritu combativo de los revolucionarios del sur se sintetizó en el lema: Patria y Libertad.

 Durante la tregua de 1915, le preguntaron a Zapata por la razón de su lucha, y él sacando de un baúl de hojalata diversos documentos sobre litigios por tierras, dictámenes y mapas que resguardaba desde su juventud, contestó que era por eso por lo que peleaba.  “Por esto peleo”, por la tierra.   Una de sus mayores preocupaciones fue la reconstrucción de los mapas originales, para demandar respeto a los antiguos documentos registrados en la lengua náhuatl.  También exigía Zapata que se escuchara la tradición oral de los ancianos.

 Cuando triunfaron las fuerzas maderistas, a las cuales se encontraba adherido Zapata, el presidente Madero no cumplió con el reparto de tierras que eran demandadas en el Plan de San Luis.  

Las reivindicaciones populares no se respetaron y al mismo tiempo los hacendados presionaron para que las fuerzas campesinas fueran desarmadas.   

El general Zapata, al igual que hiciera el general Augusto C. Sandino en 1927, cuando se firmó en Nicaragua el Pacto del Espino Negro, se negó a deponer las armas, hasta que no se cumpliera con el reparto de tierras; hizo la proclama del Plan de Ayala y continuó la lucha contra los gobiernos de Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza. 

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 Los zapatistas repartieron la tierra entre los más humildes campesinos, fundaron un banco agrícola, establecieron escuelas de educación primaria, para la niñez y para personas adultas, reorganizaron la vida política de los municipios y fortalecieron la organización tradicional campesina.

 Siguiendo con los paralelismos en las vidas de estos dos grandes héroes: el general Zapata fue asesinado a traición por esbirros de Carranza el 10 de abril de 1919. El General Augusto C. Sandino fue asesinado a traición por esbirros de Somoza García el 21 de febrero de 1934.  Los dos fueron martirizados cuando tenían apenas 39 años de edad.  

Ambos, campesinos y patriotas, siguen siendo grandes símbolos de las luchas antiimperialistas y libertarias en todo el continente latinoamericano bajo las banderas de ¡Patria y Libertad!