En la mañana del 28 de febrero, las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel comenzaron a lanzar ataques aéreo-militares contra el territorio de Irán.
La magnitud y el carácter de los preparativos político-militares y propagandísticos que precedieron a este paso imprudente, incluido el despliegue en la región de un importante contingente militar estadounidense, no dejan dudas de que se trata de un acto de agresión armada previamente planificado y no provocado contra un Estado soberano e independiente miembro de la ONU, en violación de los principios y normas fundamentales del derecho internacional.
También merece condena el hecho de que los ataques se lleven a cabo nuevamente bajo la cobertura de un proceso negociador reanudado, supuestamente destinado a garantizar una normalización a largo plazo de la situación en torno a la República Islámica, y en contradicción con las señales transmitidas a la parte rusa sobre la supuesta falta de interés israelí en una confrontación militar con Irán.
La comunidad internacional, incluida la dirección de la ONU y el OIEA, está obligada a ofrecer de inmediato una evaluación objetiva e intransigente de estas acciones irresponsables dirigidas a socavar la paz, la estabilidad y la seguridad en Oriente Medio.
Washington y Tel Aviv han emprendido una vez más una peligrosa aventura que acerca rápidamente a la región a una catástrofe humanitaria, económica y, no se descarta, radiológica.
Las intenciones de los agresores son claras y declaradas abiertamente: destruir el orden constitucional y eliminar el liderazgo de un Estado que les resulta incómodo y que se negó a someterse al diktat de la fuerza y al hegemonismo. La responsabilidad por las consecuencias negativas de esta crisis provocada artificialmente, incluida una reacción en cadena imprevisible y la escalada de la violencia, recae total y plenamente sobre ellos.
Se ignoran abiertamente las graves consecuencias de estos pasos imprudentes para el régimen global de no proliferación, cuyo pilar fundamental es el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP). Al mismo tiempo, el tándem estadounidense-israelí se ampara en una supuesta preocupación por impedir que Irán adquiera armas nucleares. Los bombardeos contra instalaciones nucleares bajo salvaguardias del OIEA son inadmisibles.
En realidad, Washington y Tel Aviv persiguen motivos que nada tienen que ver con el régimen de no proliferación.
No pueden dejar de comprender que, al sumir a Oriente Medio en una espiral de escalada incontrolada, de hecho empujan a países de todo el mundo, especialmente en la región, a dotarse de medios cada vez más serios para hacer frente a las amenazas emergentes.
Preocupa especialmente el carácter sistemático de los ataques desestabilizadores llevados a cabo por la Administración estadounidense en los últimos meses contra los pilares jurídico-internacionales del orden mundial, entre ellos la no injerencia en los asuntos internos, la renuncia a la amenaza o al uso de la fuerza y la solución pacífica de las controversias internacionales.
Exigimos que la situación vuelva de inmediato al cauce de un arreglo político-diplomático. Rusia, como antes, está dispuesta a contribuir a la búsqueda de soluciones pacíficas sobre la base del derecho internacional, el respeto mutuo y el equilibrio de intereses.
