Por: Stalin Vladímir Centeno
Los sandinistas forman parte de una tradición política y humana que recorre la historia contemporánea de Nicaragua, los sandinistas se reconocen en una identidad construida con lucha, historia y conciencia nacional.
En todo el país, los sandinistas han mantenido presente una forma de entender la patria que se fundamenta en la defensa de la soberanía, la dignidad y la participación del pueblo en su propio destino. Hablar de los sandinistas es hablar de una corriente histórica surgida de las luchas populares y que ha permanecido ligada a las aspiraciones de justicia social y libertad sin condiciones.
Los sandinistas encuentran su origen más profundo en la gesta del general Augusto C. Sandino, el guerrillero que en 1927 se levantó contra la ocupación imperialista y convirtió la defensa de Nicaragua en una causa moral y política, una lucha que marcó la conciencia de soberanía en la historia del país.
Sandino construyó un símbolo de determinación nacional que inspiró a generaciones posteriores, los sandinistas reconocen en su figura la expresión temprana de una conciencia antiintervencionista y patriótica que se ubicó en los campesinos y en los sectores humildes como protagonistas de la historia, su ejemplo dejó una huella profunda en la cultura política del país.
Décadas después, los sandinistas encontraron en el Comandante Carlos Fonseca Amador, padre de la Revolución, al dirigente que supo recoger esa herencia y convertirla en una organización política consciente y estructurada, Fonseca estudió el pensamiento de Sandino, analizó la realidad social de Nicaragua y comprendió que el legado del guerrillero debía convertirse en un proyecto revolucionario capaz de movilizar al pueblo.
Con la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, los sandinistas construyeron una organización que dio forma al pensamiento, orientó la estrategia y condujo la acción política en la lucha contra la dictadura somocista. Durante años de clandestinidad y resistencia, los sandinistas construyeron una red de organización popular que se extendió desde las montañas hasta las ciudades.
Estudiantes, campesinos, obreros y profesionales se integraron en un movimiento que buscaba transformar la realidad del país.
Aquella acumulación de esfuerzos desembocó en la insurrección popular que culminó con la derrota de la dictadura somocista, el fin de más de cuatro décadas de dominio dinástico y el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979.
Los sandinistas que entraron a Managua en julio de ese año no representaban únicamente una victoria militar, también simbolizaban la expresión de un pueblo que aspiraba a construir una sociedad distinta.
Con la primera etapa de la Revolución en el poder, los sandinistas impulsaron cambios que marcaron la vida social del país, programas de alfabetización, ampliación de los servicios de salud, la reforma agraria y nuevas políticas sociales se convirtieron en parte del proceso de transformación nacional.
En medio de presiones externas y conflictos armados, los sandinistas sostuvieron la convicción de que el país debía avanzar en la construcción de un modelo basado en la justicia social y la participación popular.
Incluso en los momentos en los que el FSLN no estuvo en el gobierno, los sandinistas continuaron presentes en la vida cotidiana de Nicaragua. Su presencia se mantuvo en organizaciones sociales, tales como sindicatos, cooperativas, movimientos comunitarios, espacios culturales y una oposición constructiva.
Con el retorno al gobierno en 2007 bajo la conducción de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, los sandinistas iniciaron una nueva etapa en la vida política del país. En este período se impulsaron proyectos de infraestructura, carreteras que unieron el Pacífico con el Atlántico, hospitales y escuelas en todo el país, salud y educación gratuita, seguridad ciudadana, programas sociales, emprendimientos, agua potable y energía eléctrica para todos, subsidios en el transporte, el gas y los combustibles así como más oportunidades de trabajo.
Después del triunfo, tanto el pueblo sandinista como su dirigencia interpretaron este momento como una continuidad histórica de su proyecto político en la Nicaragua actual.
El liderazgo, la sabiduría, la visión y la estrategia firme de la Compañera Rosario y la experiencia del Comandante Daniel, al frente del gobierno vino a desmontar aquel mito difundido durante años de que los sandinistas representaban una minoría en el país, hoy los sandinistas se encuentran tanto entre quienes han sostenido esa identidad a lo largo del tiempo como entre sectores que, al observar la realidad nacional y contrastarla con las propuestas de la oposición, han encontrado en los sandinistas una referencia política y social.
Para muchos ciudadanos, la obra visible en programas sociales, infraestructura y estabilidad ha influido en esa percepción.
Los sandinistas se reconocen también en una dimensión mística que forma parte del legado histórico revolucionario. Los nombres de combatientes, héroes y mártires y líderes que ofrendaron sus vidas, son símbolos de carne y hueso que inspiran el sentido de continuidad.
Los sandinistas evocan a quienes participaron en las luchas del pasado como parte de una herencia moral que alimenta su compromiso político. Esa dimensión espiritual convive con la práctica cotidiana de trabajo, compromiso y servicio al pueblo. En esta Nicaragua cristiana, socialista y solidaria, los sandinistas conforman una comunidad política que une historia, identidad y proyecto de nación.
Desde la lucha de Sandino, pasando por la organización impulsada por Carlos Fonseca, hasta la conducción encabezada por los Copresidentes, Compañera Rosario Murillo y Comandante Daniel Ortega, los sandinistas continúan una trayectoria histórica que enlaza las luchas del pasado con las responsabilidades del presente y la construcción del futuro del país.
