Hace 62 años comenzó a escribirse en Managua la historia de una tradición que cada septiembre une a cinco países de Centroamérica.
El 3 de septiembre de 1964, los ministros de Educación de la región estaban reunidos en la capital nicaragüense cuando recibieron una iniciativa creada por el profesor costarricense Alfredo Cruz Bolaños y presentada por el entonces ministro de Educación de Costa Rica, Ismael Antonio Vargas Bonilla.
La propuesta retomaba un hecho ocurrido después de la Independencia del 15 de septiembre de 1821, cuando la noticia comenzó a viajar desde Guatemala hacia los demás territorios centroamericanos a través del sistema de postas de aquella época, y buscaba representar ese trayecto mediante una carrera en la que jóvenes llevarían una llama de frontera en frontera.
Los representantes centroamericanos aprobaron la iniciativa y ese mismo mes comenzó el primer recorrido de la Antorcha de la Unión Centroamericana por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, dando inicio a una herencia patriótica que desde entonces se celebra cada septiembre.
Desde el comienzo, los estudiantes fueron los encargados de llevar la llama por distintos tramos y entregarla a otros jóvenes para que continuaran el camino, permitiendo que la Antorcha cubriera largas distancias sin detener su marcha mientras pasaba de unas manos a otras por ciudades, pueblos y carreteras, donde nuevas delegaciones asumían el trayecto hasta acercarla a la frontera y entregarla a quienes la esperaban del otro lado para proseguir hacia el siguiente país.
De esa manera, cada grupo avanzaba durante varios kilómetros antes de entregar la Antorcha al siguiente grupo de estudiantes, que continuaba con ella, enlazando durante varios días los distintos territorios hasta completar el viaje hacia el sur.
Con los años cambiaron los rostros y las generaciones, pero miles de estudiantes siguieron tomando por algunos kilómetros la responsabilidad que habían tenido quienes los precedieron, llevando la Antorcha por la misma ruta y haciendo posible que aquella tradición iniciada hace más de seis décadas continúe formando parte de las celebraciones patrias centroamericanas.
Esa misma cadena de jóvenes llega hasta Nicaragua por Las Manos, en Nueva Segovia, después de su paso por Honduras, y desde allí comienza un viaje de varios días por suelo nicaragüense hasta alcanzar Peñas Blancas, donde otros estudiantes reciben la llama y la ponen en manos de los costarricenses para que siga camino hacia Cartago.
Entre esos dos puestos fronterizos, el fuego va cambiando de portador a medida que deja atrás una comunidad y se acerca a la siguiente, acompañado por muchachos que esperan su turno para tomarlo y llevarlo algunos kilómetros más.
Nicaragua se encuentra en medio de ese camino entre Honduras y Costa Rica, pero también tuvo un papel desde los primeros años de esta expresión patriótica, pues fue en la capital nicaragüense donde aquella propuesta recibió el respaldo de los ministros de Educación centroamericanos en 1964.
Sesenta y dos años después, Las Manos por el norte y Peñas Blancas por el sur siguen siendo los dos extremos de este paso por territorio nacional, unidos durante varios días por estudiantes que llevan de mano en mano este símbolo patrio hasta dejarlo en la frontera costarricense.
Al llegar septiembre, ese camino por Nicaragua se junta con dos fechas que forman parte de la historia patria, el 14 recuerda la Batalla de San Jacinto de 1856, cuando las fuerzas encabezadas por el general José Dolores Estrada derrotaron a los filibusteros de Byron Cole y dejaron entre sus protagonistas al sargento Andrés Castro, recordado por derribar de una pedrada a uno de los invasores durante el combate, mientras apenas un día después, el 15, los pueblos centroamericanos conmemoran la Independencia alcanzada en 1821.
Entre ambas fechas avanza el fuego centroamericano por suelo nicaragüense, precisamente cuando el país recuerda la defensa de su soberanía y la separación de España que puso fin al dominio colonial en Centroamérica.
Septiembre une así dos capítulos separados por 35 años de historia, San Jacinto y la Independencia, mientras este símbolo patrio sigue su camino hacia el sur en medio de nuestras fiestas nacionales, que este año también miran a casi 200 mil trabajadores del Estado, alcaldías e instituciones disfrutando de sus Vacaciones Patrias, luego que la Copresidenta Compañera Rosario Murillo informara un día antes, durante su muy sintonizado espacio EN DIRECTO, transmitido por los Medios del Poder Ciudadano, el inicio de este período para que las familias compartan estos días y disfruten de la belleza, la cultura y las costumbres de Nicaragua.
Los años fueron cambiando los caminos y también a quienes llevaban aquella Antorcha Centroamericana, pero su llegada a distintos lugares de nuestro país fue creciendo hasta convertirse en uno de los momentos más esperados de septiembre, cuando estudiantes de diferentes departamentos se suman a la carrera y las escuelas también se preparan para recibir esos días.
Las bandas rítmicas ensayan para animar las fiestas patrias, las escoltas levantan las banderas azul y blanco y los alumnos participan en eventos cívicos donde aprenden los hechos históricos que dieron origen a esta costumbre y comparten las actividades preparadas en sus centros de estudio.
Muchos de esos chavalos viven por primera vez esta experiencia, en la que antes participaron sus padres y hasta sus abuelos, y con el paso de cada generación son otros los rostros que asumen el compromiso de continuarla.
Dicha historia llega ahora a septiembre de 2026, cuando nuevos estudiantes vuelven a tomar en sus manos el fuego centroamericano para escribir otro capítulo de una conmemoración que lleva más de seis décadas formando parte de las fiestas patrias.
La Antorcha de la Unión Centroamericana entró a nuestro país el 10 de septiembre por el puesto fronterizo de Las Manos, procedente de Honduras, en saludo a los 205 años de la Independencia, y desde Nueva Segovia comenzó una marcha de cuatro días que este viernes llegó a Sébaco y debía cerrar la jornada en Matagalpa.
Para este sábado 12 continuará hacia Managua, donde por la tarde la Juventud Presidente recibirá de la Juventud Presidente, de joven a joven, la Antorcha Centroamericana en el Estadio de Fútbol Miguel “Chocorrón” Buitrago, antes de seguir por la noche hacia Ticuantepe y continuar rumbo a Masaya, Granada, Carazo y Rivas.
El viaje por suelo nicaragüense terminará el domingo 13 en Peñas Blancas, donde a las nueve de la mañana está prevista su entrega a las autoridades educativas de Costa Rica.Cumplido ese momento, habrá terminado la participación nicaragüense de 2026 y quedará nuevamente en manos de la juventud la continuidad de una historia que comenzó hace 62 años.
Quienes tomaron la llama por primera vez en 1964 eran de otra generación, como también pertenecían a otro tiempo quienes llevaron en 1821 la noticia de una Centroamérica que acababa de proclamar su Independencia.
Más de dos siglos separan ambos acontecimientos, pero cada septiembre los jóvenes vuelven a recordar con este momento aquel mensaje que tardó semanas en conocerse en los demás países.
En ellos recae ahora la tarea de conservar esta memoria para que los años cambien a sus protagonistas, pero no borren una historia que pertenece a los pueblos centroamericanos.