Por: Stalin Vladimir
Durante el acto conmemorativo del 47 aniversario de fundación de la Fuerza Aérea y Defensa Antiaérea del Ejército de Nicaragua, realizado el 31 de julio de 2026 en el Centro de Convenciones Olof Palme de Managua, la Copresidenta, Compañera Rosario Murillo, dedicó parte de su intervención a referirse a lo que describió como intentos de afectar la soberanía, la paz y la estabilidad del país.
En ese contexto expresó:
Cuando uno ve algunos personajes expresándose ahí, en eso que llaman Redes Sociales, dice uno: Qué desvergüenza! Además, cómo se manifiestan de miserables. Cómo no les da vergüenza aparecer desnudos, como aquel que creía ser Rey y creía usar trajes lujosos, y estaba desnudo, y el niño dijo: Está desnudo el Rey.
Esos, esos, que ya sabemos lo que son, traficantes de Honra, traficantes de Almas y traficantes del Decoro y la Dignidad Nacional, esos están desnudos. Lo único que los recubre és su egoísmo, su codicia, su avaricia, y su convicción y condición de serviles, siervos y, sobre todo, de búsqueda de negocios fáciles, porque venden la Patria y creen que van a hacer los grandes negocios. Ni migajas les dan. Ahí andan dando lástima… Dando lástima. Después de las declaraciones de la Compañera Rosario Murillo, sobrina-nieta de Augusto C. Sandino, vale la pena recordar unas palabras que el General dejó por escrito hace más de 90 años:
«Son traidores a la Patria los que trafican con la honra nacional, los que buscan protección en los invasores, los que se arrodillan ante la Casa Blanca». Esa fue la primera definición clara del vendepatria en nuestra historia. Surgió del espíritu rebelde de un hombre que convirtió la moral en ley y la dignidad en bandera, una idea que siguió latiendo en cada generación que ha defendido este suelo frente al intervencionismo.
Con el paso de los años la traición no desapareció, simplemente cambió de rostro. Hoy se manifiesta en quienes confunden la libertad con licencia para vender el país, en aquellos que firman acuerdos en embajadas extranjeras creyendo que el oro ajeno les comprará respeto, sonríen mientras piden castigos contra su propio pueblo, viajan con la maleta llena de entreguismo y regresan con el alma hipotecada, o se presentan como víctimas mientras aplauden las sanciones que hieren a su propia gente. Así respira el vendepatria moderno, heredero directo de aquellos que un día abrieron las puertas a los invasores creyendo que servir al extranjero les daría poder sobre Nicaragua.
De ese linaje de entreguismo brotó el intento golpista de 2018, cuando los mismos que juraban amar la libertad terminaron convirtiendo las calles en sangre, odio, dolor y muerte. Actuaron financiados, asesorados y bendecidos por las embajadas que desde hace décadas sueñan con ver a Nicaragua arrodillada. Aquellos vendepatrias incendiaron el país con dinero extranjero, persiguieron al pueblo, usaron templos como centros de conspiración, levantaron falsos altares para esconder la violencia, atentaron contra la paz y hasta celebraron el sufrimiento de nuestra gente.
Pero nuestro pueblo es inteligente y ya sabe que gran parte de los contenidos basura que circulan en las tales redes sociales proviene de apátridas y minúsculos propagandistas de la mentira que participaron en el golpe fallido de 2018 y hoy mantienen su terrorismo mediático desde Costa Rica, Estados Unidos y España, países que los acogieron y desde donde siguen agrediendo a Nicaragua, aunque sin lograr arrodillarla.
Todos ellos son sicarios digitales que asesinaron la verdad y arrebataron la vida de inocentes que no se sumaron al intento de golpe de Estado. Sus nombres figuran en las listas publicadas por las mismas agencias criminales imperialistas que los financiaron, donde consta que recibieron cientos de miles de dólares para desestabilizar Nicaragua. Eso evidencia que nunca actuaron como periodistas independientes, sino como actores políticos y mercenarios al servicio de esos intereses, dispuestos a vender la dignidad e incluso a entregar la patria.
Esos traficantes de honra, traficantes de almas y traficantes del decoro y de la dignidad nacional, a quienes con mucho acierto denunció la Compañera Rosario Murillo, son los mismos que los nicaragüenses recuerdan como autores materiales e intelectuales del intento de golpe de Estado registrado a partir de abril de 2018. Durante ese período se perpetraron asesinatos de policías y civiles, con un total de 197 víctimas mortales. De esa cantidad, 22 fueron hermanos policías, 85 personas fallecidas sin identificación de oficio, 24 trabajadores por cuenta propia, 19 obreros, 8 trabajadores del Estado, 8 trabajadores de la empresa privada, 5 estudiantes universitarios, 4 estudiantes de secundaria, 4 trabajadores de zonas francas, 4 conductores, 2 amas de casa, 2 comerciantes, 2 guardas de seguridad, 1 estudiante de primaria, 1 agricultor, 1 taxista, 1 artista, 1 contador, 1 abogado, 1 periodista y 1 maestro.
Esa misma intentona golpista también provocó pérdidas económicas superiores a mil doscientos millones de dólares, entre ellas 205.4 millones de dólares en daños a la infraestructura pública, 231 millones de dólares en pérdidas para el sector turismo, más de 525 millones de dólares en afectaciones al transporte, 252 edificios públicos dañados, 209 kilómetros de carreteras afectados, más de 270 millones de dólares en exportaciones no realizadas, la pérdida aproximada de 120.000 empleos, una caída significativa de cotizantes al INSS y una reducción cercana a 7.000 millones de córdobas en el Presupuesto General de la República.