La madrugada del 17 de julio de 1979, Anastasio Somoza Debayle presentó su renuncia ante el Congreso Nacional y abandonó Nicaragua mientras la ofensiva final del Frente Sandinista avanzaba sobre varias ciudades del país. Después de semanas de combates, insurrecciones urbanas y negociaciones diplomáticas, la dictadura
llegaba a sus últimas horas y terminaban más de cuatro décadas de dominio político de la familia Somoza, iniciado en 1937 con la llegada al poder de Anastasio Somoza García.
La salida del tirano ocurrió en medio de un rápido deterioro militar y diplomático. Desde finales de mayo, el levantamiento popular se había extendido a varias ciudades, las columnas guerrilleras operaban en distintos frentes y la Guardia Nacional enfrentaba crecientes dificultades para conservar el control del país. Al mismo tiempo, varios gobiernos latinoamericanos, organismos internacionales y representantes diplomáticos buscaban una salida política que evitara más combates y permitiera el relevo del gobierno mientras Nicaragua atravesaba las semanas más intensas del conflicto.
Durante la madrugada del 17 de julio comenzaron a despegar desde Managua varios aviones que trasladaban a ministros, oficiales de la Guardia Nacional y altos funcionarios del gobierno. A las 5:10 de la mañana partió el avión de la empresa Lanica en el que viajaban Anastasio Somoza Debayle y miembros de su familia, abandonando Nicaragua después de más de cuatro décadas de dictadura impuesta por la familia Somoza. El primer destino de Somoza Debayle fue Miami, donde permaneció brevemente antes de trasladarse a Paraguay, país en el que recibió asilo político del gobierno de Alfredo Stroessner y donde permaneció hasta su ajusticiamiento.
La noticia de su salida se extendió rápidamente por el país y estuvo acompañada por la huida de numerosos oficiales y miembros de la Guardia Criminal Somocista, que abandonaban el país o buscaban escapar del avance de las fuerzas revolucionarias.
Horas antes, el Congreso Nacional había aceptado la renuncia y designado como nuevo mandatario a Francisco Urcuyo Maliaños, el hombre escogido por Somoza para intentar mantener con vida la dictadura somocista durante sus últimas horas. Nacido en Rivas el 30 de julio de 1915 y graduado en la Universidad Nacional Autónoma de México, Urcuyo había ocupado diversos cargos públicos durante los gobiernos de la familia Somoza, incluyendo la vicepresidencia de la República y la presidencia del Poder Legislativo, funciones que lo convirtieron en una de las figuras más conocidas del oficialismo de aquella época y evidenciaban su claro papel de monigote del dictador.
La juramentación del nuevo presidente se realizó en el Salón Rubén Darío del entonces Hotel Intercontinental de Managua. La fórmula inicialmente contemplaba una administración transitoria que facilitara la entrega del poder a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional establecida en Costa Rica. Sin embargo, una vez investido en el cargo, Urcuyo anunció su decisión de permanecer en la Presidencia hasta concluir el período constitucional previsto para 1981 y, durante un mensaje dirigido al país, solicitó al Frente Sandinista la entrega de las armas ante el Estado nicaragüense.
La posición asumida por el nuevo gobierno encontró un rechazo inmediato dentro y fuera del país. Los cancilleres de Venezuela, Ecuador y Perú, integrantes del Pacto Andino, desconocieron la continuidad política planteada desde Managua y posteriormente se sumaron otras expresiones diplomáticas en la misma dirección. Lawrence Pezzullo, embajador de Estados Unidos en Nicaragua durante aquellos acontecimientos, recibió instrucciones de abandonar el país y trasladarse a Panamá mientras las conversaciones políticas entraban en una fase decisiva y las operaciones militares continuaban desarrollándose en varios departamentos.
El 18 de julio, después de permanecer aproximadamente 43 horas en el cargo, el viejo Francisco Urcuyo Maliaños abandonó Nicaragua con destino a Guatemala. Ese mismo día fue instalada en León la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y la ciudad asumió temporalmente la condición de capital provisional del país. Paralelamente, las columnas sandinistas continuaban avanzando hacia Managua mientras numerosos miembros de la Guardia Nacional huían del país o buscaban refugio ante el inminente derrumbe del régimen somocista.
La madrugada del 19 de julio de 1979 se rindieron los últimos reductos militares del somocismo y las columnas del Frente Sandinista de Liberación Nacional entraron triunfantes a Managua después de décadas de lucha contra la dictadura. Ese mismo día, miles de nicaragüenses salieron a las calles y se concentraron en la entonces Plaza de la República para celebrar el fin del régimen somocista y el triunfo revolucionario. Al día siguiente, el 20 de julio, la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional llegó formalmente a Managua y encabezó los actos oficiales en ese mismo lugar, que desde entonces pasó a ser conocido como Plaza de la Revolución, nombre con el que permanece hasta nuestros días. Desde entonces, cada 17 de julio es recordado en Nicaragua como el Día de la Alegría, la fecha en que la salida de Anastasio Somoza Debayle anunció el derrumbe definitivo del somocismo y abrió el camino hacia el triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979.