La memoria de David McField estuvo presente en cada intervención durante su despedida en el Cementerio Sierras de Paz, donde familiares, amistades y autoridades compartieron testimonios sobre la vida de un hombre que mantuvo un profundo vínculo con sus raíces caribeñas, su fe y su pueblo.
Más allá de su trayectoria como poeta, quienes participaron en el homenaje recordaron su dimensión humana, las relaciones de amistad que cultivó y los principios que guiaron su vida.

El pastor José Arbizú centró sus palabras en las enseñanzas que dejó McField, resaltando que sus convicciones no se limitaban al discurso, sino que se reflejaban en sus acciones cotidianas. El amor, la comprensión, la amistad y el cariño fueron algunos de los valores que destacó de su personalidad.
Los sueños de David McField para la Costa Caribe
Uno de los testimonios más significativos fue compartido por su hija, Nancy MacField, quien habló del orgullo que sentía su padre por sus orígenes y del compromiso que mantuvo con las comunidades de la Costa Caribe.
Al recordar su infancia y sus raíces en el río Rama, evocó la admiración que David sentía por la naturaleza de esa región, especialmente por sus ríos y paisajes, a los que consideraba un verdadero paraíso.

Nancy también relacionó los sueños de su padre con las transformaciones que ha experimentado la Costa Caribe, particularmente en el desarrollo de las vías de comunicación.
“Estoy orgullosa de él porque he visto el progreso al que ha llegado la Costa Caribe de Nicaragua, donde antes no había caminos y ahora hay carreteras. O sea, su sueño se hizo realidad”, expresó.
Una amistad que permanece en los recuerdos
El compañero Johnny Hudson, secretario político de la Costa Caribe Sur, compartió parte de la historia de amistad que construyó con el poeta, a quien describió como una figura cercana y un hermano mayor que le transmitió experiencias y aprendizajes importantes.
Como parte de su homenaje, dedicó una composición poética en la que resaltó la capacidad de David McField para inspirar y trascender mediante la escritura.
“David es ejemplo vivo de que la inspiración no tiene límites. No hay barreras ni impedimentos por motivos de raza ni orígenes”, expresó en uno de sus versos.
La fe fue una de sus mayores fortalezas
Los recuerdos familiares también ocuparon un lugar especial durante la ceremonia. Germán Connolly, primo hermano del poeta, compartió vivencias de los años de infancia y juventud, cuando ambos crecieron entre los paisajes y comunidades de la Costa Caribe.
Por su parte, Allan MacField recordó la fortaleza espiritual de su padre y la confianza que mantuvo en Dios hasta el final de su vida. Relató que, incluso en los momentos de mayor debilidad, encontraba consuelo en los cantos religiosos y conservaba intacta su fe.
Con interpretaciones musicales dedicadas a su memoria concluyó el homenaje, en el que sus seres queridos evocaron distintas facetas de David McField: su sensibilidad como poeta, su identidad caribeña, sus convicciones y el cariño que sembró entre quienes compartieron su camino.
Su partida deja recuerdos y una obra que continúa formando parte de la memoria cultural de Nicaragua.












