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Diario Barricada
Ideario sandinista

Ricardo Morales Avilés: “Poner en movimiento la cultura hacia donde se hallan reunidos los trabajadores”

Redacción Central
Redacción Central 11 de junio, 2026 • 5 min de lectura

Por: Winnie Narváez

El título de este escrito es una frase escrita porel ComandanteRicardo Morales Avilés, a quien recordamos en razón de su natalicio el 11 de junio de 1939. Es posible leer y escuchar que Ricardo fue un ser humano fundamental para la existencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional, como hecho social complejo que ha desarrollado su propia teoría científica y su propia práctica revolucionaria.

Ricardo es recordado como docente; refiriéndonos a algunos momentos clave en su formación académica, el 17 de febrero de 1958 se gradúa como maestro en la Escuela Normal de Jinotepe -que hoy lleva su nombre- en la cual ejerce la docencia y organiza distintos movimientos culturales de pintura, danza, teatro y música. Posteriormente, en el año 1960, sale del país a realizar estudios de psicología y pedagogía en México. En 1963, entra en contacto con el comandante Carlos Fonseca Amador, uniéndose a las filas del FSLN. En ese mismo tiempo, publica su primer escrito político, un folleto sobre: La revolución sandinista, fuerza motriz de la historia.

En esta breve nota se rescatan expresiones del escrito de Ricardo Morales Avilés dirigido a los militantes intelectuales. Es posible a través de estas líneas pensar que el aporte de Ricardo a la transformación de Nicaragua y a la teoría de Carlos Marx y de Vladimir Ilich Lenyn no se limitaron a concebir una fuerza militar popular con conciencia de clase, revolucionaria, sino también a la necesidad transversal de construir cultura desde el pueblo y para el pueblo. Más allá del aporte intelectual, es importante estudiar este escrito para la reflexión nuestra como profesionales del tiempo histórico que nos corresponde y en medio de amenazantes guerras mediáticas contra los pueblos revolucionarios.

En este escrito Ricaro Morales remarca la importancia del estudio de la historia y nos invita a la creación de una literatura transformadora y no solamente “de inventario” de lo acontecido. En sus palabras:

Hay que ir a la historia del pueblo, la pasada y la presente. Redescubrirlo. No es que antes haya faltado el acercamiento, ni que estuviera ausente la denuncia de las condiciones económicas, sociales y políticas del pueblo, expresadas en la obra literaria, en el ensayo, la publicación científica o política. No es eso. Sólo que no se trata del sustentamiento cariñosamente amargo de Joaquín Pasos, ni tampoco en la evocación idílica del campesinado -invocación del reino devorado- de Pablo Antonio Cuadra, ni mucho menos la falsa denuncia que de sí mismos hacen los funcionarios de la oligarquía agro-explotadora y que sólo se dirigen al pueblo para inventariar recursos y explotarlo más y mejor.

En este escrito, Ricardo también explica cómo la creación cultural es voz del pueblo y por ende, clave para hablar de creatividad y desarrollo humano y por eso, es responsabilidad garantizar espacios y signos que permitan construir y escuchar atentamente esa construcción cultural elaborada desde el pueblo. 

La lucha revolucionaria, en todo su proceso, de la dialéctica de sus fuerzas y de sus triunfos, es la praxis generadora de las condiciones necesarias para una inagotable creatividad cultural y un inacabable desarrollo humano. La lucha por la cultura no puede estar por encima de la lucha revolucionaria, es parte integrante de ella, es uno de los frentes de lucha de la revolución. ¿Cómo hablar de cultura, de creatividad y desarrollo, de bienes y valores culturales humanos, de realizaciones personales al margen de la lucha concreta que diariamente se lleva a cabo en las calles, en el campo, en las fábricas, en las haciendas, en las universidades y colegios? (…) Ir al pueblo quiere decir, ir a los campesinos y a los obreros. Ir al proletariado. Para la literatura y el arte, para toda la actividad cultural. No nos explicaremos debidamente los más rudimentarios fenómenos de la vida nicaragüense, si no descendemos hasta los obreros y los campesinos. (…)

Hacer al pueblo compañero de la creación intelectual. Establecer un puente vivo entre el intelectual y el pueblo en mi país, con más de la mitad de su población analfabeta, en donde los campesinos y los obreros se hallan al margen de la cultura, es tarea que requiere poner en juego la imaginación creadora. Constituye un desafío estimulante a la actividad creadora del intelectual. El arte y la literatura han de inventar las posibilidades artísticas para dirigirse al pueblo.

Ricardo nos habla también de la importancia de tomar postura en coherencia con el proceso revolucionario y de estar organizados en el partido:

El intelectual quizás se preguntará y se identificará, o quizá ya lo hizo y se contestó y se identificó, o quizá se vaya preguntando y contestando e identificando. Lo que no puede es rehuir la toma de posición, no hay ninguna tierra de nadie. (…) el intelectual revolucionario tiene que organizarse e integrarse al movimiento revolucionario organizado. La organización revolucionaria en sus diferentes niveles y formas. De esta manera, la organización es la integradora del esfuerzo cultural en la voluntad liberadora del pueblo. De manera organizada las ideas adquieren una fuerza material incontenible.

Referencia:

Morales Avilés (1970). Sobre la militancia revolucionaria de los intelectuales. Retomado de Revista Humanismo y Cambio Social. Número 5. Año 3. Enero – Junio 2015. Publicado originalmente en Taller, revista de los estudiantes de la UNAN, N° 8, enero de 1972.