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Diario Barricada
Efemérides de la Revolución

9 de octubre de 1967: El Che, una vida entregada a la revolución

Redacción Central
Redacción Central 09 de octubre, 2026 • 3 min de lectura

“Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo.”

— Ernesto “Che” Guevara
El 9 de octubre de 1967, en la pequeña localidad de La Higuera, Bolivia, fue asesinado Ernesto “Che” Guevara, el Guerrillero Heroico. Su muerte, ejecutada después de su captura por fuerzas bolivianas pero ordenada por la CIA, marcó uno de los episodios más dolorosos de la historia revolucionaria de América Latina. Sin embargo, lejos de apagar sus ideales, aquel crimen convirtió su figura en un símbolo internacional de rebeldía, solidaridad y lucha por la liberación de los pueblos.

Ernesto Guevara había nacido en Rosario, Argentina, en 1928. Su recorrido por distintos países de América Latina le permitió conocer de cerca la pobreza, la explotación y las profundas desigualdades que padecían los pueblos del continente. Aquellas experiencias fueron transformando al joven médico argentino hasta convertirlo en un revolucionario convencido de que la realidad latinoamericana no podía cambiarse sin enfrentar las estructuras de dominación existentes impuestas por el imperialismo.

Su encuentro con la Revolución Cubana sería decisivo. Integrado al Movimiento 26 de Julio (M-26-7), encabezado por el Comandante Fidel Castro, participó en la lucha guerrillera que culminó con el triunfo revolucionario de enero de 1959. Después de la victoria, asumió importantes responsabilidades en la construcción del nuevo Estado revolucionario cubano, pero nunca abandonó su visión internacionalista.

Para el Che, la revolución no podía limitarse a las fronteras de un solo país. Su pensamiento estaba profundamente ligado a la unidad latinoamericana y a la necesidad de enfrentar el imperialismo y toda forma de dominación que condenara a los pueblos a la pobreza, la desigualdad, la miseria y la dependencia.

Esa convicción lo llevó nuevamente a la lucha armada. Después de su experiencia en África, llegó a Bolivia en 1966 con el propósito de impulsar un proceso guerrillero que pudiera contribuir a extender la lucha revolucionaria por el continente. La campaña boliviana estuvo marcada por enormes dificultades, aislamiento, falta de apoyo y una creciente persecución militar.

El 8 de octubre de 1967, el Che fue capturado en la quebrada del Yuro. Al día siguiente, 9 de octubre, fue ejecutado en la escuela de La Higuera. Su asesinato ocurrió cuando tenía apenas 39 años. Al soldado que lo iba a asesinar, dijo: “¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”.

Pero quienes pretendieron silenciar al revolucionario terminaron haciendo de su imagen una de las más reconocidas de la historia contemporánea. La fotografía del Che, su pensamiento y su ejemplo recorrieron el mundo, especialmente entre jóvenes, movimientos sociales y organizaciones revolucionarias que encontraron en su vida un referente de compromiso y rebeldía.

A 59 años de su asesinato, el Che continúa formando parte de la memoria histórica de Nuestra América. Su figura representa para millones la decisión de no permanecer indiferentes ante la injusticia y la convicción de que la solidaridad entre los pueblos debe superar las fronteras.

El Guerrillero Heroico cayó en La Higuera, pero sus ideas sobrevivieron a quienes ordenaron su muerte. Como escribió el propio Che: “Hasta la victoria siempre.” Una consigna que trascendió su tiempo y que permanece como parte de la memoria de las luchas populares de América Latina.