Las fuertes lluvias registradas en Pereira, capital del departamento de Risaralda, han agravado las condiciones de miles de personas afectadas por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia. Numerosas familias permanecen a la intemperie, expuestas al mal tiempo y con acceso limitado a recursos básicos.
Ante el retiro del campamento habilitado inicialmente por la alcaldía, organizaciones sociales y defensoras de derechos humanos instalaron un refugio autogestionado en el Parque Olaya Herrera. En este espacio permanecen familias damnificadas, personas en situación de calle, vendedores ambulantes, comunidades indígenas, población afrodescendiente, niños y otros grupos vulnerables.
La solidaridad popular ha sido fundamental para atender la emergencia. Mediante una olla comunitaria que funciona las 24 horas, voluntarios distribuyen cerca de 2.000 platos de comida y entregan entre 100 y 1.000 paquetes de alimentos diariamente. También se han recibido carpas, plásticos y estibas de madera para proteger los colchones de la humedad.
Sin embargo, los responsables del refugio advierten que la cantidad de personas supera su capacidad de respuesta. Además de la falta de recursos y apoyo institucional permanente, enfrentan dificultades para elaborar un censo completo y garantizar la seguridad en los alrededores del parque.
La gestión de la emergencia también generó cuestionamientos en el Congreso colombiano, que citó a un debate de control político al ministro de Vivienda para conocer las acciones y medidas previstas para atender a las comunidades afectadas.
Según el informe más reciente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el terremoto deja 289 personas fallecidas, 143 desaparecidas, 185.016 damnificadas y 120.238 familias afectadas en 450 municipios de 15 departamentos de Colombia.
Con información: TELESUR