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Diario Barricada
Análisis

Detalles del Momento: ¿Hacia dónde nos conducimos ?

Redacción Central
Redacción Central 06 de julio, 2026 • 8 min de lectura

Por: Moisés Absalón Pastora.

Para conocernos, para saber dónde estamos, debemos tener plena conciencia de dónde venimos y no lo planteo desde un concepto antropológico para los que abrazan la teoría de Charles Darwin que es la evolución a partir de la especie animal transformada a través de los tiempos o de lo divino como Creaciones que somos de Dios, a su imagen o semejanza, que es en lo que yo creo, sino que lo concibo desde un punto de vista histórico, de lo que somos desde que descubrimos a los colonizadores y ante quienes reaccionamos con la dignidad de nuestros orígenes indígenas.

Nuestra historia es grande porque es enciclopédica. En ella hay escritos de tristeza, traición, llanto, guerras, odio, derrotas, sangre, pero también de heroísmo, victorias, leyendas, patriotismo, solidaridad, fuerza, valor, principios, y amor por Nicaragua que es lo que siempre más tenemos.

A nosotros nadie nos puede venir a contar cuentos. No somos una papa sin sal como otras naciones en las que no pasa nada porque no hacen nada, porque sus gobiernos se domesticaron y están siempre a la espera de lo que su marionetero autorice hacer.

Nosotros somos un país pequeño, empobrecido, sí, pero no pobre, codiciado históricamente por nuestra posición geográfica, y tan estratégica que unos nos han querido tener como una estrella más en su bandera y otros como socios de proyectos tan grandes que de convertirse en realidades cambiarían la configuración comercial del planeta entero y por eso estamos en el centro de la controversia geopolítica no por pelearnos con nadie porque nosotros no tenemos tiempo para eso, pero sí hay otros que se quieren pelear con nosotros porque son echados a mordernos, en tanto hay otros que le dicen a los rabiosos; Espérate, qué te pasa, ¿qué te hizo Nicaragua? ten cuidado, si te metes con ella te metes con nosotros.

Nuestra amada Nicaragua no es incolora, inodora e insabora cómo otras naciones que tienen gobernantes que creen que estar en rueda de gente grande es hacer lo que extraños les dicten, ya ni siquiera en beneficio de sus países, sino porque es el interés específico del hegemon y por esa gran diferencia, fundamentada en la dignidad, el mundo entero sabe quiénes somos y dónde estamos y nos conocen por cosas buenas que hacemos desde nuestro presente y por cosas malas a las que nos condujeron en el pasado malos nicaragüenses y de la misma manera saben cuáles son nuestros orígenes y qué hemos tenido que vivir en la agonía de la derrota y en el éxtasis de la victoria.

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Por eso quiero hacer la observación desde la percepción personal, que no dudo está vinculada íntimamente a la de la mayoría de los nicaragüenses, que estamos en modo de defensa legítima contra una guerra abierta que nos imponen mediáticamente para reeditar o crear condiciones que nos trasladen a los escenarios dantescos de hace ocho años sobre los que en la acción y práctica sostenemos no tienen la menor posibilidad de repetirse porque ni lo queremos ni lo deseamos.

Los que amamos a este pedazo de tierra somos los que respondemos y defenderemos siempre al país que nos vio nacer en tanto la patria sea agredida y ofendida y quienes no lo hacen no solo no merecen nuestra nacionalidad, sino que además descienden conceptualmente a lo cainesco por ponerse al servicio del interés foráneo para desatar todo lo que en su conjunto represente dolor, angustia y sufrimiento para quebrar a la nación y a su pueblo.

Todo eso sucedió hace ocho años, lo hicieron dicen para “liberarnos”, pero nunca supieron decir de qué porque jamás habíamos sido tan libres como cuando aparecieron los Atilas, aunque ahora lo somos más porque los que lo arrasaron con lo hermoso que teníamos en aquel momento ya no están y por eso la única conclusión a la que llegamos es que lo hicieron solo por alcanzar el poder porque electoralmente no pudieron y francamente continuaran sin poderlo quien sabe por cuantos lustros más, porque mientras aquí el sandinismo se fortalece desde el apoyo popular que recibe los perdedores se extinguen.

Amigos la nación tiene derecho a defenderse si es agredida. Cuando su paz y estabilidad están en riesgo y sus ciudadanos muestran el rostro por ella, a esa actitud patriótica le conocemos como defensa propia a través de sus leyes, de sus mecanismos y de sus instituciones. No podemos permitir que, ante la evidencia del delito, que pretende ser consumado, cruzarnos de brazos y dar más importancia a un yo que dirán, plagado por la desinformación, que a la seguridad y paz interna que es determinante para aplastar al verdadero enemigo, la pobreza.

Ninguna consideración debemos al que mata a nombre de Dios, bendiciendo e invocando al odio desde los púlpitos y que envalentonados desde cualquier vestimenta no paran de hostigar con subterfugios que proclaman abiertamente desde el altar en tanto estén fuera, porque aquí a lo suyo, a lo que les corresponde, a evangelizar y nada más, porque para eso son profesionales de fe, aunque es lo que suponemos.

Somos testigos del interés externo por articular esfuerzos mediáticos que inciten desde afuera a los que reducidamente quieren asomar la jupa para ambientar desórdenes que no tienen incidencia en nada, pero que se toman después como si se tratase de aventuras insurreccionales que hacia el exterior son promovidas como rebeliones populares, lo que por supuesto es ridículo porque esos, que le quisieron pegar fuego a Nicaragua hace ocho años nunca vieron por ellos que se quemara, aunque sea, una sola llanta de bicicleta; tan así nuestro pueblo los llora y los extraña, aunque claro los “líderes de barro” insistan en repetir cacareadamente en que luchan denodadamente” por liberarnos, qué comicidad.

Si algo bueno podemos decir de lo sucedido hace ocho años es que nos sacó de un confort muy sabroso en el que nos encontrábamos gozando de ese hermoso concepto de “vivir bonito”, porque nos sacudió y nos hizo realizar que el odio sí fue capaz de hacer manar correntadas de sangre con tal de robar y asaltar el poder provocando enormes pérdidas económicas y un daño moral del que no nos repondremos fácilmente.

De lo económico, aunque hay golpes dolorosos que ya pasamos a pérdidas, al final y con el esfuerzo resiliente nos recuperamos, pero los niveles de degradación a los que fuimos sometidos como secuestrados que resultamos ser la inmensa mayoría de los nicaragüenses nunca los conocimos en nuestra historia y difícilmente serán arrancados de nuestra mente, por eso, aunque perdonamos, por aquello de la amnistía, no olvidamos, y los que no lo entendieron no están aquí, ni van a regresar y consumaran sus últimos días viendo desde la largo la tierra que golpearon y convirtieron en tres meses en un cementerio de gentes de uno y otro lado que jamás debieron morir así.

¿Debo sentirme mal por decir todo esto? Por supuesto que no.

Tener nuevamente la Nicaragua de hoy nos ha tocado tragar sapos, culebras, ratas y alacranes. Hemos tenido una paciencia solo al nivel de Job para aguantar, resistir, tolerar no una sino 7000 veces siete, y más. En tanto toda esa actitud acumulada nos ha conducido a la paz nos hemos sentido satisfechos de la actitud asumida porque ha representado la estabilidad requerida para que a través del trabajo hayamos sacado otra vez de las cenizas, como el ave Fénix, a esta nación a la que nos debemos quienes la amamos y que no permitiremos caiga en manos de los matones.

Hay que estar atentos y defender la paz que vivimos porque de guerras estamos hartos y más aún de quienes nos condujeron a ellas para satisfacer beneficios personales que nos empobrecieron y embrutecieron cuando nos creyeron esclavos de sus abolengos y oligarquías.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.